Sumo, mitología y espiritualidad en Japón a propósito de El negociado del yin y el yang

El sumo es el deporte tradicional de Japón. Yo recuerdo más fervientemente a los samurais como parte de la tradición del país del sol naciente... También a los ninjas. Pero por centrarnos un poco en lo menos conocido para mí, diré que el sumo se remonta a tiempos antiquísimos de la historia de Japón. Al inicio los combates eran a muerte y hubo una evolución muy grande hasta llegar a lo que es hoy en día el sumo. A mí me encanta la filosofía y la historia de las religiones por lo que, aprovechando que hablo del libro de Eduardo Mendoza que se centra en Japón, me dedicaré a hablar un poco de la mitología de este país oriental. El mito de la creación alude a los primeros dioses que convocaron dos criaturas divinas a la existencia, el macho Izanagi y la hembra Izanami, y les pusieron como tarea la creación de la primera tierra. Hicieron su casa en la isla Inojoro (auto-formada). De la unión de estas dos criaturas divinas nacieron Ōyashima o las ocho grandes islas del archipiélago que es Japón. A mayores crearían seis islas más y muchas deidades. Respecto a la religión, la propia de Japón se llama sintoísmo, es la religión originaria de Japón, remontándose sus primeras interpretaciones a épocas prehistóricas. El sintoísmo (神道) respeta y venera a las deidades de la naturaleza, tales como el sol, los sonidos, los árboles, el mar o incluso la muerte. A estas deidades se las denomina Kami. En los lugares considerados sagrados por el Shintoísmo, suelen existir santuarios dedicados a Kamis concretos. El sintoísmo es una religión que encaja con muchas formas de pensamiento y filosofías, por lo que ha logrado coexistir en Japón junto al budismo. A mi me fascina el Taoísmo de Lao Tsé y un libro que leí con notable interés y del que guardo un muy buen recuerdo es “Tao: 3 tesoros” de Osho. Aunque, claro como occidental que soy, tiendo a mezclar conceptos e ideas que son totalmente independientes entre sí; pero como no pretendo ser un experto en ello, diré que al mencionar el libro del taoísmo me viene a la mente el título de “Siendo nadie, yendo a ninguna parte” de Ayya Khema y que comparto totalmente pues siendo una introducción excepcional al budismo, me parece además un modo magnífico para explicar en pocas palabras el ideal de vida que más me gusta tener como meta. Aún no he acabado la novela de Eduardo Mendoza, “El negociado del yin y el yang”, que es la segunda dentro de una trilogía pero me gusta mucho pues me evoca todos estos temas de los que acabo de hablar. Faltaría por nombrar en esta escueta enumeración la importancia que tienen las artes maciales niponas. Yo hice judo hasta la categoría de cinturón verde y me parece digno de elogiar el planteamiento en que se basa, que es el de aprovechar la fuerza que realiza tu adversario en tu favor. Al final, por circunstáncias de la vida, sé más de wu-shu que es el deporte típico de China Pero la característica común a todas las aa mm orientales es que se basan en el control interno que hacemos con el uso de la respiración adecuadamente. No hay más guerrero invencible que el que se vence a sí mismo, que a la postre resulta siempre ser lo más difícil de lograr. Y ya no se me ocurren más hilos argumentales de los que anotar alguna pincelada a título de opinión personal. Así que nada más. Esperaré a acabar la novela de Mendoza y a lo mejor escribo más al respecto.

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