El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks

Leí hace tiempo el libro del neurólogo Oliver Sacks y, hace poco lo comencé a leer por segunda vez. Releerlo me encanta porque para la mayoría de gente que como yo no sabemos apenas nada de neurología, los relatos que aparecen en este libro enganchan mucho. Había leído hace tiempo el libro sobre los miembros amputados del cuerpo, que se les llama fantasmas, del también neurólogo Ramachandran, y me fascinó igualmente pues me mostró un mundo totalmente desconocido para mí. De “ El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” que es el título del libro de Sacks, comenzaré comentando en torno a una disfunción cerebral, que lo que nos hace ver es ¡sorprendente! : se puede perder un ojo, una pierna, … etc pero si se pierde el yo ¿qué sucede? No se puede saber porque cuando sucede eso el yo, es decir, TÚ, no estás presente.


También me impactó el comentario de Luis Buñuel que dice que sin memoria, una vida no sería vida. Y es asombrósamente cierto, lo damos habitualmente por hecho pero todo se articula en torno al seguimiento que hacemos en nuestra mente de toda la actividad que realizamos a lo largo de la vida. Por eso, aprendí en esta segunda lectura de Sacks que hay sentidos como la propiocepción que se les llama ocultos pero, no por eso dejan de ser menos importantes, sino al contrario, son fundamentales, así como la percepción vestibular que... no sé explicarla pues no soy neurólogo, aunque me imagino algo lo que puede ser, sacándolo del contexto al leer el término.


Lo realmente asombroso también, en un aspecto particular, que dice Sacks, que proporcionaba beneficios económicos al que padecía el síndrome de Tourette, es precisamente ese detalle, que en el capítulo Ray, el ticqueur ingenioso, nos relata el autor que esta persona lograba despuntar en detalles de... ostia! Me quedé en blanco. Creo que es que por ejemplo, jugando al ping pong tenía reflejos extra, y en más cosas en las que se requiere tener los sentidos muy alerta. Sacks le recetó Haloperidol primeramente, y debido al efecto que este medicamento provocaba en la dopamina del cerebro, a Ray le iba fatal para su economía y su vida diaria en general. El capítulo acaba con Ray tomando nuevamente eso pero para entonces ya había encontrado una fórmula que proporcionaba equilibrio y hacía satisfactoria la vida diaria suya.


Otra cosa que me llamó la atención fue el caso que narra de un paciente que se empeñaba en sacar de su cama, aterrado, la pierna izquierda que le “habían puesto en su cama” según él. Tenía que sacársela de encima, pero claro al tirarla caía también él de la cama. El cerebro, dice un amigo mío es la pieza más delicada del cuerpo humano, y yo estoy de acuerdo. Parece increible que si no funciona correctamente podamos sufrir efectos que rozan la hilaridad y que nos hacen ver que la realidad siempre supera a la ficción.


Me acuerdo aún de cuando fui a comprar este libro... yo iba decidido a comprar un libro de texto de neurología, pero por suerte, la librera me recomendó esta novela de divulgación científica. Las casas no se pueden empezar por el tejado y para tratar un tema a fondo primero hay que saber por dónde van los tiros, y preguntarse a uno mismo si te gusta o no. El caso es que la primera vez que lo leí lo llené con múltiples subrayados con rotulador fluorescente, y ahora esta segunda vez, también lo voy marcando. El tema me apasiona y bueno, al acabarlo por segunda vez, a lo mejor decido comprar otra obra de este gran escritor y a la vez divulgador científico que fue Oliver Sacks.

Y el hábito de leer siempre por encima de lo que resulta trillado y que invita a evadirte mentalmente mientras lees yo creo que es muy importante. Lo digo después de haber pasado varias veces por las situaciones de leer a la fuerza con tal de acabar el libro. No creo que esté mal sino,que lo veo de la siguiente manera: cuando estás ya versado en múltiples lecturas llega un momento en el que estás por encima de los detalles, que con anterioridad, te parecían insalvables y que, actualmente te parecen insignificantes.

 

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