El misterio de la cripta embrujada

 

Es la segunda vez que la leo y me sigue fascinando. La forma de narrar te enlentece el estress que puedas llevar al leerla y te aplica una dosis de subirte un montón la autoestima. Y es que, al igual que sucede con la forma de narrar, también en primera persona, con el protagonista de El guardián entre el centeno, aquí, el protagonista nos hace cómplices tolerantes de lo que va maquinando y de la forma de resolver en el montón de entuertos en que se ve involucrado.

Cargada de ironía te hace sospechar por momentos de si será demasiado fantasiosa y por lo tanto, desmerece en valor y calidad literaria. Pero Eduardo Mendoza logra meternos en el mundo de la obra y aceptas como real, sin lugar a dudas, todo lo que sucede.

Me viene a la mente la novela Concierto para instrumentos desafinados, del psiquiatra Vallejo-Nájera y entrañan ambas novelas un cariño embriagador. También cercanía.

Siendo la trama muy compleja me recuerda obras de Camilo José Cela. Pero a la vez es bastante entretenida. En ella nos cuenta la historia de un joven que es sacado del hospital psiquiátrico por el jefe de policía de Barcelona para resolver el caso de una niña desaparecida en un internado. Este tipo de desaparición ya había ocurrido seis años antes y en circunstancias muy similares: la joven al cabo de dos días aparecía en su propia cama con amnesia, sin ningún rasguño, totalmente desorientada. Y yo, quizás por ser la segunda lectura, creo que se puede afirmar que el nudo de donde se desenreda todo el hilo argumental radica en un punto que está por la mitad del libro aproximadamente y, que da pie a una lectura experimental de ir deconstruyendo la historia hasta lograr lo que el escritor nos ofrece.

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